En un giro dramático que sacudió los cimientos de… absolutamente nada, la coordinadora de Morena en Nayarit, Jasmine Bugarín, se vio envuelta en un thriller burocrático. El gran misterio: ¿tenía sus papeles en orden? La nación contuvo el aliento, esperando una respuesta que no cambiaría su día.
El clímax llegó el 30 de septiembre, cuando Bugarín, visiblemente aburrida del drama, usó X para comunicar que hace años realizó trámites ante la SRE para renunciar a toda sumisión a estados extranjeros, en particular a Estados Unidos, certificándolo de nuevo en 2024. Fue el equivalente a gritar «¡ya pagué esa multa!» a un agente de tránsito demasiado entusiasta. Este comunicado apareció justo después de que la presidenta Claudia Sheinbaum abordara el tema con la calma de quien explica cómo funciona una licuadora. Ante cuestionamientos sobre la designación de Bugarín, la mandataria simplemente leyó el artículo 62 de la Constitución de Nayarit, pidió a Morena aclarar el asunto y fin de la historia. Ni se despeinó.
La supuesta contradicción, donde un día Ariadna Montiel decía que Bugarín *iniciaría* el trámite y al otro se revelaba que *ya estaba hecho*, fue el combustible para los buscadores de escándalos. Para el resto, sonaba a la diferencia entre «voy a hacer la cena» y «ya puse a hervir el agua». Sheinbaum, por su parte, aprovechó para mencionar la lógica reforma sobre la doble nacionalidad, confirmando que, para ciertos cargos, se requiere una sola lealtad, un concepto aparentemente revolucionario para algunos.
Mientras algunos medios preparaban sus especiales de investigación sobre el fascinante mundo de las apostillas y los sellos oficiales, Bugarín y Morena continuaron con su trabajo de cara a 2027. Al final, el gran conflicto existió principalmente en la imaginación de quienes necesitan un villano, aunque sea un folder mal archivado.


