¡Atención, distinguidos miembros del bajo mundo! ¿Cansados del ajetreo de la ciudad, de las sirenas y de tener que esconderse en cuchitriles sin ventilación? Pues el gobierno de Colombia, en un arranque de hospitalidad sin precedentes, ha decidido que merecen algo mejor. Inspirado en el último grito de la moda autoritaria de Nayib Bukele, el presidente Abelardo de la Espriella ha anunciado la creación de un exclusivo centro de retiro espiritual para los criminales más selectos del país. ¡Una especie de Club Med para gente con prontuarios más largos que un discurso de político!
El primer complejo de esta emocionante franquicia se llama, con una ironía que ni el mejor comediante podría haber guionizado, «Renacer». Este paraíso terrenal de 87 millones de dólares está estratégicamente ubicado «en medio de la absoluta nada», un lugar tan remoto en el Magdalena que los buitres tienen que usar GPS para no perderse. Con una capacidad para 1,974 huéspedes VIP, «Renacer» promete una experiencia de aislamiento total, ideal para que los capos, sicarios y demás joyitas reflexionen sobre sus malas decisiones… o simplemente se mueran del aburrimiento.
Pero esperen, que las comodidades no terminan ahí. Este resort de máxima seguridad ofrece un plan de desintoxicación digital obligatorio: no hay señal de celular ni de internet. ¡Se acabaron las selfis con el botín y las historias de Instagram desde la clandestinidad! Ahora podrán dedicarse a pasatiempos más análogos, como contar ladrillos o desarrollar una profunda amistad con una cucaracha. Y para garantizar que nadie se escape de este paraíso forzoso, la animación estará a cargo de una división especial del Ejército, cuyos miembros seguramente están encantados de pasar de combatir en la selva a ser niñeras de lujo.
Así que ya lo saben. Mientras el ciudadano de a pie sigue lidiando con el transporte público y los impuestos, el gobierno está invirtiendo una millonada en crear una cadena de hoteles del terror por todo el país. Al final, los únicos que van a «renacer» serán los bolsillos de los contratistas, mientras los nuevos inquilinos descubrirán que el verdadero infierno no tiene llamas, sino simplemente una pésima conexión a la vida. ¡Bienvenidos a la nueva era del turismo penitenciario


