Resulta que los cerebritos del Instituto de Finanzas Internacionales se dieron cuenta de algo que tu cartera ya sabía desde hace años: el mundo está hasta el cuello de deudas. Según su último chismógrafo financiero, los países ricos se gastaron la friolera de 3.3 billones de dólares en el último año solo para pagar los intereses de sus caprichos. Con esa millonada se podría financiar la conquista de Marte, un ejército de robots con inteligencia artificial o la energía limpia para todo el globo, pero no, se fue directo a la alcancía del agiotista.
Y como buen vecino en el barrio de los morosos, México no se podía quedar atrás en esta pachanga de números rojos. Los analistas de Moody’s, con la misma alegría que un dentista anunciando una caries, advirtieron que el pago de intereses se comerá el 17% de los ingresos del país para 2025, un salto desde el modesto 11% de 2021. Para ponerlo en perspectiva, nuestros compañeros de calificación crediticia apenas destinan un 9% a ese rubro, lo que nos convierte en el estudiante que saca la peor nota del grupo, pero con honores.
Pero la fiesta no para ahí, porque los mercados emergentes decidieron entrarle al concurso de ver quién se endeuda más rápido. En solo seis meses, le metieron otros 6.5 billones de dólares a la cuenta, superando los 110 billones en total, con China como el anfitrión que no deja de servir rondas carísimas. Es como si todos hubieran descubierto la tarjeta de crédito con saldo ilimitado y la estuvieran usando para comprar cosas que ni siquiera necesitan.
¿Y quiénes son los principales responsables de este desastre financiero? Pues, para sorpresa de nadie, los gobiernos. Estos campeones del gasto concentran una deuda equivalente al 94.7% de todo lo que produce el planeta en un año. La deuda se ha convertido en el truco de magia favorito de los políticos: prometen soluciones rápidas antes de las elecciones, dejan la cuenta para el que sigue y ¡puf!, el problema desaparece temporalmente creando un agujero negro a largo plazo.
El meollo del asunto es que este problemón se está volviendo una nueva y deprimente normalidad. Los gobiernos están pagando una deuda con otra deuda a corto plazo, lo que es el equivalente financiero a intentar apagar un incendio con gasolina. Mientras tanto, en México, la deuda del gobierno ya representa el 48.4% de la economía, y aunque sigue creciendo, todavía estamos por debajo del promedio de otros países emergentes. Un consuelo tan reconfortante como un abrazo de tu suegra.


