Sergio Checo Pérez aterrizó en Guadalajara esta semana para una cita de patrocinios, pero el verdadero espectáculo no ocurrió en la pista sino en la tribuna. El piloto de Cadillac, tras recorrer el planeta a bordo de bólidos Sauber, McLaren, Force India, Racing Point y Red Bull, decidió que el mejor equipo de México no lleva rayas ni volcanes, sino plumas y dieciséis títulos.
Durante el encuentro, Checo explicó su conversión azulcrema con la lógica de quien elige el cereal más premiado del estante: “Soy de Guadalajara, aquí no hay buenos equipos”, sentenció, admitiendo que probó con Atlas antes de rendirse ante la estadística implacable del Club América. La revelación provocó más murmullos que un motor en la recta de Silverstone.
El corredor no se limitó a palabras. Se le vio en el palco del BBVA junto a Emilio Azcárraga celebrando el tricampeonato en territorio rayado, luciendo playera en el vestidor como si acabara de ganar Mónaco. En Miami intercambió saludos con Igor Lichnovsky y Salvador Reyes, y durante el Mundial 2026 caminó con la camiseta de México lanzando pullas a los ingleses en Silverstone.
Si no hubiera encontrado patrocinador para Europa, Checo asegura que hoy patearía balones en vez de curvas. Por ahora sigue en Fórmula Uno, donde los puntos se cuentan en décimas y los títulos del América en vitrinas. Guadalajara lo recibió con cariño y un leve aroma a traición tapatía perfectamente legal.


