La negociación salarial en Argentina terminó en un chiste tan malo que los sindicalistas abandonaron la llamada

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La última reunión para negociar el salario mínimo en Argentina fue el equivalente a una cita de Tinder que sale terriblemente mal: terminó abruptamente, con una de las partes retirándose ofendida y la otra ofreciendo algo completamente irrisorio. Los líderes de las tres centrales sindicales del país abandonaron la reunión virtual después de que los empresarios, con una seriedad digna de un funeral, propusieran llevar el salario mínimo a la estratosférica cifra de 468.000 pesos para abril de 2027.

El Chapucero - Segunda Entrega
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La propuesta fue recibida con el mismo entusiasmo que una multa de tránsito. Los sindicatos, que pedían unos más realistas 993.000 pesos para diciembre de 2026, consideraron la oferta una broma de mal gusto. Para ponerlo en perspectiva, la propuesta empresarial no solo era menos de la mitad de lo que pedían, sino que es una cifra que mira desde lejos, con binoculares y un poco de nostalgia, a la canasta básica para no ser pobre, que ya supera el millón y medio de pesos.

Para agregarle limón a la herida, todo este circo ocurre mientras el ingreso de los argentinos se encoge más rápido que un suéter de lana en la secadora. Según datos privados, el poder de compra de la gente cayó un 6,9% interanual en junio, demostrando que la billetera del trabajador promedio tiene más agujeros que un colador. Actualmente, el salario mínimo es de 376.600 pesos, una cantidad con la que apenas se puede aspirar a sobrevivir el mes a base de arroz y buenas intenciones.

Ante semejante desplante, los gremios ahora están evaluando sus próximos pasos, que suenan a «le voy a contar a mi mamá». Una de las ideas que barajan es llevar el chisme, digo, la denuncia, a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para que todo el mundo se entere del nivel de la oferta. Es la versión adulta de acusar a tu hermano con tus papás por no querer compartir los juguetes, solo que en este caso los juguetes son el sustento de millones de familias.

Así las cosas, la negociación quedó en un punto muerto, con empresarios ofreciendo monedas, sindicalistas indignados y el Gobierno actuando como el mediador de una pelea de pareja que no quiere tomar partido. Mientras tanto, el salario mínimo argentino sigue más estancado que el tráfico en hora pico, y los trabajadores miran sus bolsillos con la misma esperanza de quien espera que un mago saque un conejo de una moneda.

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